• Yuri O. Villela

Diario de una Chef en Cuarentena

Dia 2


Hola mi chef, alguna vez en sus inicios tuvo ganas de "tirar la toalla"?, me ha pasado ocasionalmente....(Josefina Ramos a través de mi pagina web)

Hoy es un buen día para hablar de ello. El día de hoy por la mañana estuve revisando el anteproyecto de lo que será una nueva sorpresa para ustedes, tengo varias semanas trabajando en ello y he estado todos los días pensando en ello... qué habría pasado si no hubiera insistido tanto?


La historia de mi amor por la pastelería tiene casi 38 años. Seguramente cuando era niña no tenía ni idea ¿por qué sentía tanto encanto por la pastelería?. Sin embargo recuerdo perfectamente el instante en que me enamoré de los pasteles caseros. Mi madre preparaba el mejor pastel de cumpleaños para mí cuando era pequeña. Un pastel de chocolate con sabor a café que tengo aún el recuerdo intacto en mi memoria como la mejor sensación que había tenido en la vida. Era la típica niña que jugaba en el jardín de mi amada abuela, con tierra y agua para formar pequeños pasteles de lodo estilizados con las flores de su pequeño y cuidado jardín.


He amado los pasteles como se ama a un primer amor, con sencillez, ternura y devoción absoluta. A los 10 años supe que debía hacer pasteles todos los días de mi vida adulta, que debía repetir una y otra vez esa sensación de felicidad al ver el pastel perfectamente bien horneado, la miga esponjosa y el olor que brota una vez que sale del horno. Pero ahí no termina la aventura, ahí apenas inicia.



Cubrir un pastel con betún de chocolate para una niña de 10 años era el logro más grande que podía imaginar. La sensación del cuchillo cubriendo el pastel con el buttercream casero que había hecho ese año era como sentirme dueña del mundo. Lo mejor venía después, el pastel sería el protagonista de una mesa rodeada de mi familia en donde la rebanada de pastel era la declaración absoluta de felicidad y de amor para mí.


Pasé años enteros leyendo libros, imaginándome rodeada de pasteles y de la mejor forma de hacerlos fácilmente. Supe siempre que eso quería hacer el resto de mi vida.

Sin embargo la vida me llevo por distintos caminos, y la verdad pase demasiado tiempo lejos de lo que me daba vida, aire y adrenalina al corazón.



Un día a los 36 años, decidí que había sido suficiente ya. Tomé mi horno de nuevo, nos enfrascamos en una pelea de encuentros y desencuentros que me obligó a volver a la realidad. Cuando ese horno tan mío y tan desconocido para mí horneo el primer pastel despues de 10 años aproximadamente de lejanía y ausencia. Regresé a mi...


Hay dias que uno recuerda como si fueran una fotografía exacta, las mias están siempre rodeadas de comida o pasteles. El día que me decidí se abrieron las puertas de un camino hermoso lleno de bendiciones y satisfacciones absolutas sólo horneando cosas deliciosas para otras personas. Pero el camino también trajo dolor, tristeza, impotencia, frustración y miles de desencuentros ante una nueva mujer y una nueva etapa de mi vida.


Sí, los primeros años fueron muy hermosos, pero también los más duros. Casi a diario quería renunciar, yo sólo quería hacer ésto por el puro gusto de hacerlo, pero de repente estaba en medio de la figura mediática, de viajes y personalidades soñadas que yo no había siquiera imaginado que me podían ocurrir.


Pero ¿por qué quería renunciar a lo que me daba tantas satisfacciones profesionales y tantas bendiciones? no estaba lista para ser lo que siempre he sido, lo olvidé..

Olvidé que hago pastelería desde niña porque es mi forma de ver el mundo, de conectarme en el, con los demás y de honrar día a día el don que Dios me dio, heredado de mis abuelas y de todas las mujeres mi familia.


Para ser emprendedor se necesitan muchas disciplinas por conocer, pero la más importante es conocernos a nosotros mismos. Saber bien ¿qué es lo que sabemos hacer? y ¿por qué decidimos hacer esto en la vida?


Hay que estar bien convencidos de que esto es lo que amamos con sencillez, con ternura y devoción. En la primera etapa de mi carrera profesional hace 6 años, mi motivo era la pasión que sentía por todo lo nuevo que me rodeaba, por el ego que había perdido y por el hambre de ser alguien en la vida. La vida como tal, me dio lecciones valiosas en donde me ubicó de forma certera. Se llama madurez y experiencia, pero yo suelo decir que me reconcilie conmigo misma.



Un dia de esos en los que quería " soltar la toalla" recordé los años eternos y obscuros en los que anhelaba hacer lo que hago el día de hoy.


Cuando vienen los alumnos a clase o cuando hablo con nuevas personas les cuento esta analogía : es como cuando amas a alguien tanto tanto que lo sueltas sin intención, lo dejas ir, consiente de que es el error más grave que puedes cometer. Pero un día, después de años de ausencia llega el reencuentro, la oportunidad de hacer que todo funcione y que eso te brinde la felicidad buscada. El amor día a día se construye, se alimenta, se cuida, se protege, y se honra sólo por existir. Lo mismo es día a día con lo que hacemos para llevar el sustento a casa, por aquello que nos hace útiles a los demás, por hacer día a día aquello que nos gusta y por lo que Dios nos puso en este mundo.



Así que no he vuelto a sentir los deseos de renunciar, porque sé que sí renuncio, no sólo renunciaría a todo lo que he construído por años. Renunciaría a mí misma y eso, no no no... ya lo hice una vez y no volverá a pasar nunca más.


Si existe algo a lo que hay que renunciar, sería Renunciar a aquello que te aleja de tus sueños...






388 vistas6 comentarios